Nácar
Piezas de oro de 18 quilates, diamantes y perla cultivada, montadas a mano y numeradas una por una.
Una pieza se juzga
por cómo devuelve
la luz.
Trabajamos con doce personas en un solo taller. Cada anillo pasa por la misma mesa donde se engasta, se pule y se revisa bajo lupa antes de guardarse.
No producimos por lotes grandes. Una colección se abre, se agota y se cierra: por eso las piezas llevan número y por eso algunas tardan seis semanas en salir.
Cada una con su propio metal
Ocho piezas para empezar
Cinco pasos, ninguno se salta
El orden importa. Cambiar un paso de lugar deja marcas que después no se quitan, así que la secuencia es siempre la misma.
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Modelado en cera
Se talla el volumen a mano y se prueba en el dedo antes de fundir. Aquí se corrigen proporciones, no después.
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Fundición
Oro de 18 quilates fundido por lote pequeño. Cada colada se marca con la fecha y el número de pieza.
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Engaste
Las garras se levantan y se cierran con buril sobre la piedra ya colocada. Es el paso que decide cuánta luz entra.
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Pulido
Tres pasadas: lija fina, fieltro y trapo de algodón. El satinado, cuando lo lleva, se hace al final.
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Revisión y número
Lupa de diez aumentos, control de medidas y grabado del número interior. Solo entonces la pieza sale del taller.
12
Personas en el taller
18K
Oro en toda la casa
De por vida
Garantía y mantenimiento
Se lleva puesto, no se guarda
Fotografiamos las piezas en la mano y en el cuello porque ahí es donde se ven de verdad. El brillo de una perla cambia según quién la lleve.
Ver la campaña→Lo que incluye cada pieza
Grabado interior
Iniciales o fecha grabadas a láser dentro del aro, sin costo y en el mismo plazo de entrega.
Ajuste de talla
Primer ajuste incluido durante el primer año. Los siguientes se cobran solo el material.
Envío asegurado
Entrega en toda la República con seguro por el valor total y firma de quien recibe.
Limpieza anual
Baño ultrasónico y revisión de garras una vez al año, mientras la pieza sea tuya.
Avisamos antes
de que se agote
Cuando una colección se cierra ya no vuelve. Escribimos una vez al mes, solo para decir qué entra y qué está por salir.